Relincha la yegua pateando nubes. El mozo acaricia su cuello y le habla al oído mientras mira sus ojos rasgados, color de miel, a través del precioso brión bordado. Fuerza y temple en sus manos, el zagal. El corazón golpeándole la muralla del pecho. Al fin el grito: ¡Caballo en carrera! Como un fantástico centauro de cinco cabezas, mozos y animal, fundidos, ascienden al cante sobre el esqueleto transparente del viento hasta la cumbre y la gloria. El gentío enardecido se abre como cortado a cuchillo para volverse a cerrar tras el loco paso del Caballo del Vino guiado por los cuatro caballeros. Ochenta metros; el gesto roto; los dientes enclavijaos; las aletas de la nariz abiertas aspirando aire, más aire, más; la boca, ya, se abre sin aliento. ¡Vamos, vamos, vamos! grita el zagal que lleva la rienda. Nueve segundos: la leyenda, la hombría, la fuerza, el vino, las flores, la bendición, el triunfo, la emoción…
<< ¡Yo he subido La Cuesta!>>, grita el mocito, y está gritando su alma: << ¡Soy un hombre!>>. Se desmaya el sol sobre su cuerpo.
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El caballo 'Lunadary', un pura raza inglés nacido en 2004 en las cuadras del Aga Khan, es el primer ejemplar de esta raza que participa en la carrera de los Caballos del Vino de Caravaca de la Cruz, que se celebra desde tiempos inmemoriales cada 2 de mayo, en el último tramo de la cuesta de subida al Castillo.
Agencia EFE |
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La leyenda de los Caballos del Vino narra que en el siglo XIII, estando sitiados los caballeros Templarios en castillo de Caravaca por los musulmanes del vecino reino de Granada, el agua de los aljibes de la fortaleza se corrompió, por lo que los cristianos se encontraron imposibilitados de mantenerse ante los atacantes. En esta situación un grupo de Templarios decidió salir de la fortaleza, rompiendo el cerco musulmán para buscar agua en los campos vecinos y socorrer con ella a los sitiados, pero las aguas de los manantiales habían sido envenenadas por los sitiadores por lo que solamente encontraron vino, con el que llenaron varios odres con los que cargaron los caballos. Para volver al castillo hubieron de atravesar a la carrera las líneas enemigas y, una vez dentro, bendijeron ese vino con la Vera Cruz y lo dieron a los enfermos, que sanaron, y esparciendo una porción de este vino e los aljibes las aguas quedaron purificadas y pudieron resistir el ataque, retirándose las huestes moras.
En la actualidad el festejo se desarrolla cada año el día dos de mayo, víspera de la festividad de la Cruz y siempre en torno a ella. Desde primeras horas de la madrugada los caballistas comienzan a preparar a sus caballos para la espectacular jornada que se acerca. En un largo proceso, se les engalana con los enjaezamientos que, con el máximo secreto, se han ido elaborando a lo largo del año. Y todo este ritual explota de grandeza el día 2 de Mayo, con una fiesta única llena de misticismo, historia y colorido, capaz de rememorar la leyenda con todo su explendor.

El trabajo de una peña, comienza el día 6, justo al terminar las fiestas. El diseñador empieza a cabilar bocetos de nuevas ideas que unos meses más tarde se reflejarán en sus dibujos, espejos mismos de los mantos que el día 2 se lucirán encima de los Caballos.....
El ritual como tal da comienzo allá por las dos o tres de la madrugada. El caballista se levanta después de pasar una corta pero intensa noche invadida por los pensamientos, sueños y deseos, especialmente el de subir la cuesta más rápido que nadie.
El festejo se desarrolla cada año el día dos de mayo, víspera de la festividad de la Cruz y siempre en torno a ella. Desde primeras horas de la madrugada los caballistas comienzan a preparar a sus caballos para la espectacular jornada que se acerca. En un largo proceso, se les engalana con los enjaezamientos que, con el máximo secreto, se han ido elaborando a lo largo del año.
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Faltan para el día 2 de Mayo
Video presentación de la Web Peña Minipua

