El día 2 comienza como tal en la tarde del 2 de mayo, cuando caballo, caballista y peña descienden por la cuesta del Castillo. Unos bajan alegres, con la cabeza alta y henchidos de orgullo, inevitablemente, otros deben hacerlo tristes y apesadumbrados. Es una vez que la carrera ha concluido y se han entregado los premios cuando comienza nuestro día 2, pero del año siguiente.

El ritual como tal da comienzo allá por las dos o tres de la madrugada. El caballista se levanta después de pasar una corta pero intensa noche invadida por los pensamientos, sueños y deseos, especialmente el de subir la cuesta más rápido que nadie. Despues de tomar un pobre desayuno (los nervios no dejan “caer” prácticamente nada en el estómago) el caballista se dirige hacia la cuadra donde descansa su caballo, el cual despierta al oirlo llegar, relinchando y dando manotazos, nervioso y consciente de la tarea que le espera por delante. Despues de cepillarlo, limpiarlo y hacerle las trenzas, hay que llevar al caballo al lugar donde se procederá al enjaezamiento, tradicionalmente en casa del “Fafi”, un sitio reservado y casi “secreto” del cual sólo tienen conocimiento los componentes de la peña y los más allegados a ella.

Enjaezamiento

Enjaezamiento (2000)

El enjaezamiento conviene llevarlo en un ambiente de quietud, disfrutando de la imagen del caballo al tiempo que la mañana despunta en el horizonte y comienza a resaltar orgullosa la silueta del Castillo, mientras que los sonidos de campanas y fuegos artificiales nos van anunciando la llegada de un dia especial

como pocos en esta tierra. El rito de enjaezar al caballo es un privilegio reservado a unos pocos componentes de la peña, los que más sabiduría acumulan, ayudados casi siempre por los sabios consejos de los que les predecieron en el arte regional, mientras el resto de la peña degusta en silencio algún trozo de torta casera, recien hecha, acompañada por un trago de anís o de coñac que ayuda a soportar el “fresco” de la mañana.

En este mutismo, uno siente estremecido como se le pone la “piel de gallina” admirando el conjunto formado por animal y manto, es sin duda, uno de los mejores momentos para sentir el orgullo de pertenecer a esta peña. Nos sorprenden sumidos en estos pensamientos los sonidos de nuestra charanga, que nos indican que es el momento en el que hemos de salir, alrededor de las ocho de la mañana, hacia la casa del “Tanio” para degustar el tradicional chocolate de la mañana del día 2, el cual nos servirá para tomar fuerzas que a buen seguro necesitaremos durante el resto de la jornada. Una vez gustados de tan dulce desayuno (ahora si), nos dirigimos hacia la Misa de la Aparición, celebrada en el templete, en la que se conmemora el hecho milagroso de la llegada de la Cruz a la ciudad de Caravaca, es el momento en que por primera vez en un año, todos los caballos vuelven a estar enjaezados con sus galas y juntos en un mismo lugar.

Finalizada la misa, da comienzo el primero de los Pasacalles, enfilamos la Cuesta de la Simona, donde las peñas observan la evolución de los caballos, indagando en sus posibilidades y buscando indicios de la fuerza y hacer del resto de los caballos. Continuamos por la plaza de los

Pasacalles
Pasacalles (2001)

Caballos del Vino para girar hacia la derecha y pasar frente a la casa de “Padrelsalva” y desembocar en la plaza del Ayuntamiento, donde se brinda el caballo a las autoridades. Pasamos bajo el arco y buscamos la Gran Vía. Durante el amplio recorrido de este Pasacalles, los miembros de la peña tienen el privilegio de poder “engancharse” al caballo y sentirse como auténticos caballistas, mientras que el resto de la peña, en algún jolgorio, vitorean al caballo en su fiesta. Es también el momento para ir observando los mantos de las demas peñas, e ir meditando la votación de los mismos.

Continua su curso el Pasacalles hasta llegar de nuevo al Templete, donde la mayoría de la peña se retira al almuerzo en el “Bajo del Sabina”, mientras unos pocos se quedan con el caballo en el templete y una comisión de la peña se dedique a votar para el concurso del enjaezamiento.

Alrededor de la una del mediodía da comienzo el definitivo y último Pasacalles, donde las peña comienzan su peregrinar hacia la Cuesta del Castillo. Domina un ambiente de excitación y nerviosismo por el momento que debe llegar, que va siendo amenizado por los pasodobles de las distintas charangas que acompañan a las peñas.

Conforme se acerca el momento de la verdad, la hora de subir la cuesta, la Carrera, en los rostros de los componentes de la peña comienza a reflejarse la tensión y la trascendencia de los segundos venideros, tan ansiados por los caballistas y tanta veces rememorados a lo largo del año. Las conversaciones se hacen cada vez más breves y los caballistas más parcos en palabras, es una sensación que se me hace dificil definir... una mezcla de fervor y pánico. Los caballistas se desean suerte unos a otros mientras que les asaltan todo tipo de pensamientos; que el caballo suba bien, que no le pasa nada a los caballistas, que la gente no se ponga enmedio...

Llega el momento. los cuatro caballistas y unos cuantos componentes suben al caballo hasta la cuesta, mientras el resto de la peña se disemina por la misma, luchando por encontrar un hueco entre la multitud para ver subir a su caballo. Los caballistas encaran al caballo con la mirada puesta en lo más alto de la Cuesta, el griterío de la multitud es un ruido sordo en sus cabezas al que apenas pueden prestar atención,un buen momento para encomendarse a sus antepasados y la divinidad, pero es tan solo un breve instante de respiro antes del momento de la salida.

La gente comienza a apartarse mientras que el caballo empieza a avanzar los primeros metros, con tan sólo un segundo en el cronómetro la gente chilla de entusiasmo mientras que el resto de la peña, desde sus particulares atalayas, aprieta los dientes y pone mentalmente alas a los pies de los caballistas. Dos, tres, cuatro segundos, se produce una simbiosis entre el hombre y animal corriendo hombro con hombro, apenas una decena de segundos y los cinco ya están arriba y cruzan la linea de meta.

Caballistas y caballo en plena carrera (1995)

Caballistas y caballo en plena carrera (1995)

Lo que viene a continuación depende del desarrollo de la carrera, son miles de gracias a la Santísima Cruz por no haber pasado nada, o quizás recoger al caballista que desde el suelo agarra con fueza la jarma del caballo para no quedar desenganchado de mismo, quien sabe, quizas esperar cabizbajos al compañero desenganchado. Una vez confirmado que el grupo entró junto, la siguiente mirada es hacia el conómetro, los semblantes reflejan el tiempo obtenido, unas décimas pueden condicionar el sentimiento de toda la peña durante todo un año, pero ocurra lo que ocurra, esta siempre corre a reunirse y a honrar a sus valientes caballistas.

La última etapa del día tiene lugar en el balcón del castillo, es sin duda un ambiente más distendido tras el estallido de tensión que se acaba de vivir. Conseguir el primer premio en Carrera no supone solamente recoger una copa, es el orgullo de sentir que su caballo y su peña serán los mejores durante un año, con la cual se rinden merecido tributo a nuestra santísima Cruz de Caravaca, por la cual los jovenes caravaqueños se “juegan el tipo” año tras año. Supone tambien la culminación a todo un año de trabajo, sueños, esperanzas, noches en vela...


Orgullosos
Orgullosos

Y justo entonces comienza el día 2 del año que está por venir, las peñas reinician el proceso y retoman las ilusiones, los sueños... y las noches en vela. Gracias a Dios y a la Santísima Cruz de Caravaca volveremos a la Cuesta y al Pasacalles con renovadas esperanzas.

Esta es la forma de sentir el día 2 de mayo que tenemos en la Peña Minipua. Resulta dificil transmitir con palabras este sentimiento nuestro, para nosotros pertenecer a esta peña es un orgullo que estamos siempre dispuestos a compartir con todos los amigos que lo quieran descubrir y queremos extender una invitación a este enorme festejo, para que se hagan participes de él.

 

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PEÑA MINIPÚA. 25 AÑOS DE HISTORIA EN LOS CABALLOS DEL VINO.

En este Año Jubilar 2010, la Peña Minipúa celebra sus Bodas de Plata. Veinticinco años de historia que comenzaron en las Fiestas de 1985, cuando cinco niños con sólo ocho años de edad, decidieron formar una peña y subir la cuesta con un pony llamado Nany.

Cinco años después, contando la peña ya con doce componentes y con tan sólo 12 años, dejaron el pony y entraron en competición con las demás peñas caballistas con la yegua Zapatilla. Con ella ganaron un 4° premio en carrera en 1990 y el 1er premio en el Concurso de Caballos a Pelo en 1991.

Al año siguiente, se decide sacar a la calle, en la mañana del día dos, a "nuestro" Careto, un caballo jovencito propiedad de uno de los componentes de la Peña. Digo nuestro, porque eso es lo que consideramos todos los Minipúas; es nuestro caballo, el que creció con nosotros y el que tantas alegrías nos dio durante una década entera. Con él, conseguimos un 1er premio en carrera en 1993 y dos 2os puestos consecutivos en 1997 y 1998.

¡Ay Careto!, Qué guapo estabas con las ropas que te hacíamos con tanto cariño. Cómo te gustaba que nos hiciéramos fotos contigo; te quedabas ahí, quieto y tranquilo. Pero después, en la cuesta, corrías veloz junto a tus cuatro caballistas; eras otro; ahí sí sacabas todas tus fuerzas y lo dabas todo. Cuánto hemos sufrido contigo en esos pocos segundos de cada carrera. Eras uno más de nosotros. ¡Cómo te echamos de menos Careto!

Después vino Duende, con él hemos estado casi otra década y, aunque al principio era un poco remolón y muy intranquilo, también se ha llevado un trocito de nosotros. Con él, prácticamente todos los años, hemos podido alcanzar algún premio. A él, y al esfuerzo de nuestros caballistas, le debemos tres 3os premios, un sexto, un séptimo y un octavo.

Actualmente y, desde el año pasado, hemos apostado por Lunadary, un pura sangre inglés que, de momento, no ha podido comprobar lo que es "La Cuesta", porque en 2009 no tuvo oportunidad de subirla, pero estamos seguros de que este año, estará a la altura de lo que todos esperamos de él.

En 1994, la Peña Minipúa, entra a participar en el Concurso de Enjaezamiento. Cada año, los propios componentes ponemos un poco de nuestro esfuerzo para que el manto luzca espectacular el día dos, y, aunque para nosotros la Carrera sigue siendo lo primordial, nos esforzamos año tras año en ir arañando puestos en los premios de Enjaezamiento.

Por último, quiero aprovechar para dar las gracias al Bando de los Caballos del Vino por la consideración que tuvieron con nosotros en las votaciones de enjaezamiento; y, en particular, a las Peñas que nos demostraron su solidaridad y que nos animaron después de la serie de sucesos que nos acontecieron el pasado año en la mañana del día dos. Gracias por estar con nosotros y apoyarnos.

Bando Caballos del vino
escudos www.caravaca.org www.caravacadelacruz.org